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“Amanecer de Viaje”, poemas de las andanzas de Paty Blake

julio 22, 2010 | By | Reply More

Paty Blake
Nació en Ciudad Obregón, Sonora, y vive en Tijuana desde que tenía 4 años. Es licenciada en Comunicación por la UABC. Ha publicado el poemario “El árbol” (Existir, 2002) y “Amanecer de viaje” (Cecut, 2006). En el 2005 obtuvo el apoyo del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes. Poemas suyos son parte de las antologías “Un orbe más ancho. 40 poetas jóvenes” (UNAM, 2005) y “Mi cama es de flores” (Cecut, 2007). Reportera durante 6 años. Actualmente estudia la maestría en Terapia Gestalt y trabaja en el Departamento de Fomento a la Lectura del Instituto de Cultura de Baja California. Habita también en www.patyblake.blogspot.com  

Poemas del libro “Amanecer de viaje”
 

Cacaxtla

La ventana caía en gotas tras los ojos
el camino de barro, las llantas derrapadas y zapatos
entre las paradas a medio camino, la puerta
las respiraciones agitadas del que recién subía
el verde deslavado que entraba en ráfagas
de aire recién nacido.

No sé a dónde voy, dije.
Apreté bajo el brazo el mapa húmedo
y sonreí al saber que no volveríamos a estar juntos
al poner un pie en la banqueta de tierra
los que ahora escapábamos de la lluvia.

Tocó mi turno.
Bajo el agua, a primera vista, la ciudad pareció un río,
una canica escondida,
un laberinto entre las voces,
cualquier cosa, menos un silencio denso
corriendo a toda prisa entre los árboles.

Ese día quise conocerte,
decirte mira lo que he encontrado
mira que las piedras, los caminos,
pero recordé el listón de tiempo en mi cintura
y lo desaté en un zumbido sobre el aire.

Se abrió un paréntesis
para que en ese instante
te asomaras.

El lugar donde la lluvia cae
¿lo recuerdas?

El patio de frutas dulces
Para mi Boli

Desgrano la ventana.
Es roja y se me queda en gotitas
en la camisa de salir al patio.

Hoy hizo calor y vine a refrescarme,
a que cortaras una fruta
y tuvieras el cuidado de partirla en pedacitos
para nosotros.

Sonríes y la piel te queda grande
y tienes una casa en donde también hay membrillos,
donde los pasos se oyen desde que entras,
donde duermo en el cuarto de abajo
junto a mi alcancía improvisada
y los zapatos negros que me pongo
antes de que salga el sol.

Hoy es domingo, seguramente.
No sé de calendarios, pero lo imagino.
La fruta envuelve suave tus manos
mientras los primos hacemos ábacos con sus semillas.

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