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El Ángel que cambió mi conciencia

abril 8, 2018 | By More

Por Jorge Santiago
Todos contamos con una conciencia, pero no todos la desarrollamos o la ampliamos de la misma manera. Hay quienes necesitan vivenciar situaciones extremas para “darse cuenta” a través del sufrimiento que necesitan hacer cambios de raíz y dejar de ser leales al maestro del ego.
Otros ya no necesariamente caen en estas situaciones, sino que su intuición y la necesidad de acceder a un conocimiento mas elevado son la motivación principal para elegir conscientemente al Ser que es el maestro interior.
Hace unos días estuve en medio de una situación laboral en la que empecé a sentir enojo por dos compañeras del trabajo, esta molestia obedecía el hecho de que una de ellas de un rango superior al mío, me señalo ante mis jefes como una persona que me ausentaba de mi lugar con frecuencia, que hablaba mucho por teléfono celular, que constantemente estaba chateando por WhatsApp pero como si esto no hubiera sido suficiente una amiga de la persona que me señaló me la impusieron como mi auxiliar. En ese momento tenía una serie de emociones que estaban afectando mi estado de ánimo de manera muy evidente. Mi primer impulso fue el enojo y así estuve durante toda la mañana, mi mente estaba dispersa y en plan de víctima y me preguntaba una y otra vez ¿Qué karma estaba yo pagando para merecer esto?
Poco después reaccioné y reflexioné y me cuestioné qué parte de lo que me había señalado era verdad, entonces ¿cómo podía estar yo enojado?

Acepte esa verdad y dispuse la energía del enojo (que hasta ese momento solo estaba destruyendo mi estado de ánimo) y la canalice a ser mejor persona y decidí en ese momento que ya no iba a usar mi teléfono celular con tanta frecuencia y que tampoco vería los mensajes del WhatsApp, sino hasta la hora de la comida y que solo me ausentaría de mi lugar lo menos posible y solo cuando fuera necesario. Eso me calmó de inmediato, sin embargo todavía tenía una sensación leve de molestia.

En eso una compañera de trabajo me pidió que saliéramos a comer afuera del trabajo, yo acepté y justo a la hora de la comida nos enfilamos hacia el restaurante que habíamos elegido.

Cuando llegamos y nos sentamos a comer se sentaron frente a nuestra mesa un padre con su hijo pequeño, el padre estaba ordenando su comida al mesero y cuando le preguntaron al pequeño que iba a pedir respondió: pizza.

Cuando el niño entro al baño para lavarse las manos el padre del niño recibió una llamada y de inmediato se levantó y salió del restaurante. Mi compañera y yo mencionamos el hecho y volteamos hacia afuera buscando al papa del niño y lo vimos que entro en un local frente al restaurant.

Cuando el niño sale del baño va directo al mesero y le pregunta inquieto al mesero:
-¿y mi papa?
-¿dónde está mi papa?
El mesero le respondió tranquilamente:
-Siéntate en tu mesa, ahorita viene tu papa, salió un momento, pero va a regresar por ti.
El niño saltaba inquieto sin ningún rastro de miedo y luego cambio la pregunta:
-Y mi pizza? ¿Dónde está mi pizza? ¿Dime dónde está? Ahhh… ya se dónde está.

Acto seguido dio unos pequeños saltos y se dirigió corriendo y señalando con su dedo índice hacia el horno del restaurante, pero el mesero de inmediato lo sujetó del cuello de su camisa y lo llevó a su mesa, luego con una actitud adusta y autoritaria le dijo:
-Ya te dije que te sientes, siéntate te voy a traer tu soda y luego tu pizza.
El niño sonriente e inquieto se paró de la silla donde lo habían sentado y le volvió a decir al mesero:
-Si tráeme mi pizza, quiero mi pizza, ya tráeme mi pizza
Para esto el mesero ya estaba algo enfadado y volteando a ver a todos los comensales para ver si los demás se habían dado cuenta de la situación y se dirigió al niño ahora más autoritario:
Si no te sientas y te aquietas no te voy a traer nada.
En eso yo le hablo al niño que esta de espaldas a mi mesa y le digo:
-Ahorita que te traigan tu pizza ¿me compartes un pedazo de ella?
El niño voltea poco a poco su cabeza hacia mi y con unos ojos de asombro me ve, pero no me pregunta nada.
El mesero se retira de nuestras mesas y yo me quedo mirando fijamente a los ojos del niño y le pregunto:
– ¿O acaso tú no eres un niño que comparte sus cosas? A lo que respondió inmediatamente:
– Si yo comparto muchas cosas… a lo que yo le dije
– A ver ¿dame unos ejemplos de que has compartido con los demás? Y de manera vacilante me respondió:
-Pues en mi escuela yo comparto mi comida
En eso llega el mesero con su pizza y el niño le cuestiona:
¿Por qué mi pizza tiene jitomate? Mis pizzas solo deben de tener queso.
El mesero simplemente lo observó, le dejo su pizza y le dio la espalda sin darle ninguna explicación. Pero yo le dije:
-No sabías que las pizzas además de queso tienen verduras?
-Mis pizzas solo tienen queso y de verduras solo como zanahorias, ¿sabías que los conejos comen zanahorias? Es más yo quisiera ser conejo, si dijo muy alegre: como quisiera ser conejo.

-¿Alguna vez haz visto un conejo vivo?
-No, pero una vez un señor me quiso regalar uno, pero la señora no quiso porque dijo que era de ella.
-Entonces si no has visto nunca a un conejo dime qué animales sí has visto en vivo?
-Una víbora respondió… Y dime: ¿cómo te topaste con esa víbora?
-Fue en un campamento, estaba yo parado y la víbora se estaba enredando en mi cuello y yo me la quité con la mano y la arroje al suelo.
-¿No te dio miedo?
-No.
Me respondió muy tajante y muy seguro de sí mismo
-Y aparte de ti ¿quién más vio esa víbora?
-Mi hermano…
¿Así? Y dime ¿dónde está tu hermano ahorita?
-En mi casa
-Tu hermano es ¿más grande o más chico que tú?
-Más grande
– ¿Qué edad tiene tu hermano?
-Tiene 7 años
– Y tu ¿cuantos años tienes?
– 7 años
En ese momento me di cuenta de que la imaginación de este niño era muy pródiga y le hice el siguiente comentario:
-Qué casualidad que nada mas tu hermano y tu vieron esa víbora, ¿y tus compañeros de campamento? ¿Y tus cuidadores en donde estaban? Mira vamos a hacer una cosa lo reté:
-Mírame fijamente a los ojos y dime que todo esto que me has dicho es cierto.
El niño sostuvo su mirada a la mía durante unos minutos y de repente soltó una carcajada y me quiso convencer.
-Si, todo lo que te he dicho es verdad me contesto.
Yo me reí tan fuerte que por un momento me olvidé en donde estaba, y continuamos riéndonos más, tanto que el mesero nos volteo a mirar y a mirar a todos lados con cierta impotencia ya que a mí no me podía aquietar como lo había hecho con el niño.
Yo en ese momento había terminado de comer y antes de irme le pregunte por última vez al niño: dime algo que sí sea verdadero, ¿cuál tu nombre?
-Ángel me respondió con una cándida sonrisa
– Ya me tengo que ir Ángel, yo me regreso a trabajar y tú te quedas aquí comiendo tu pizza.
-¿Te veré mañana? Me preguntó
-No lo creo Ángel, pero te diré una cosa; me ha dado mucho gusto conocerte.
Mi amiga y yo nos retiramos del lugar y de regreso a la oficina le comenté a mi amiga:
¿Viste a ese niño? Dentro de poco esa naturalidad con la que habló y sonrió, esa candidez y ese brillo en los ojos de Ángel se desvanecerá y muy pronto entrará a la competitividad de la escuela, empezará a buscar novia, entrará a trabajar, se casará y tendrá hijos.
De algún modo me vi reflejado en Ángel de cómo me había permitido esa mañana que la naturalidad de mi Paz se diluyera ante el enojo con mis compañeras de trabajo. Por haberme visto reflejado en ese niño cobre conciencia y decidí aferrarme a regresar a rescatar a mi propio Ángel o sea mi Paz Interior que por un momento de debilidad estuve a punto de perder por un capricho del ego.

Un Curso de Milagros hace referencia a que solo existen dos emociones: El Amor o el miedo
El Amor es nuestra naturaleza y el miedo lo inventa uno mismo.
Ese día comprendí que el miedo tiene muchas caras y una de ellas es el enojo o la ira. Pero gracias a Ángel también me di cuenta de que el Amor es mi naturaleza y que a esas dos mujeres con las que inicialmente me enojé eran mis compañeras de viaje y que al darles el Amor que me estaban pidiendo a través de sus acciones yo regresaría a mi propia naturaleza que es el Amor.

jsantiagoaburto@yahoo.com

Category: Noticias, Salud Alternativa

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